Hellfire Club

Si sientes un poco de frió, ven.

Hay un espacio en mi infierno.

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Soy

Soy el que sabe que no es menos vano
que el vano observador,
que en el espejo de silencio y cristal
sigue el reflejo o el cuerpo del hermano.

Soy, el que sabe,
que no hay otra venganza que el olvido, ni otro perdón.
Un dios ha concedido al odio humano esta curiosa llave.

Soy el que pese a tan ilustres modos de errar,
no ha descifrado el laberinto singular y plural,
arduo y distinto, del tiempo, que es de uno y es de todos.

Soy el que es nadie,
el que no fue una espada en la guerra.
Soy eco, olvido, nada.

Countdown to The End

Nadie en las calles, pero no es un domingo.
No es un lunes, el día que nos depara la ilusión de empezar.
No es un martes, el día que preside el planeta rojo.
No es un miércoles, el día de aquel dios de los laberintos.
No es jueves, el día que ya se resigna al domingo.
No es un viernes, el día regido por la divinidad
que en las selvas entreteje los cuerpos de los amantes.
No es un sábado. No está en el tiempo sucesivo,
sino en los reinos espectrales de la memoria.
Como en los sueños detrás de las altas puertas,
no hay nada, ni siquiera el vacío.
Como en los sueños, detrás del rostro que nos mira,
no hay nadie…
Anverso sin reverso, moneda de una sola cara, las cosas.
Esas miserias son los bienes que el precipitado tiempo nos deja.

Somos nuestra memoria.
Somos ese quimérico museo de formas inconstantes.
Ese montón de espejos rotos.